miércoles, 8 de abril de 2015

Siempre quise ser el versonaje de uno de tus poemas.

En mi último viaje al frío resolví que tenía que cambiar el registro de esta historia y así voy a hacerlo. No es que haya nada en el presente de nuestras miradas que vaya mal, es que me da miedo lo que pueda soñar. Pero por encima de todo me da miedo faltar a la promesa que te hice esa noche de camino a tu nido. “Dos noches seguidas es terreno peligroso” me dijiste intentando frenar las ganas, pero ya íbamos embalados y no hubo rozamiento que pudiera disminuir la aceleración de nuestros cuerpos.

Fueron noches impensables en las que nos sorprendimos en más de un plano, pero me sé en un momento escaso de fuerzas, y las pocas que tengo las necesito para pelearme con esta ciudad que ha estado enfadada conmigo desde el principio. Cuando llegué aquí traje más frío del que ella tenía preparado para mí y la pillé por sorpresa. Se sintió destronada, como si fuera decisión mía cargar con este peso, y la muy puta me la tiene jurada. Desde entonces me la juega en cuanto me creo feliz.

Créeme cuando te digo que he intentado inventar nuevas dimensiones para escapar de mi Planilandia particular y estar a la altura de tu Anarquía, pero temo que no me salga bien la tentativa, así que permíteme este acopio.

Seguiré aquí para las palabras y los abrazos, pero me toca medirme las caricias, no vaya a ser que se conviertan en heridas injustificadas.

Ahora ya sabes que siempre quise ser el versonje de uno de tus poemas, así que supongo que sólo me queda agradecerte el vuelo.

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