domingo, 29 de marzo de 2015

Déjame entrar

El miércoles que viene voy a Madrid, así que déjame entrar. 
Enciéndeme las ganas. 
Lame la sal de mis tropiezos.
Alimenta mis cosquillas.
Hazme estallar.
Desata mi risa.
Bórdame todos los insomnios que te sobren.
Destiñe mis ojeras.
Lee entre las líneas de mis pestañas.
Desacelérame.
Desordéname el cuarto.
Aléjame de Planilandia.

Yo, a cambio, te recordaré el abrazo.
Sostendré tu cansancio entre mis manos.
Sorberé tus palabras.
Bucearé en esa mirada tan animal que tienes.
Te contaré en un guiño lo que nunca me atrevo.
Inventaré nuevas dimensiones.
Te comeré las dudas.
Esconderé todos mis cascajos para que no te estorben.
Perpetuaré tu aliento.
Abrigaré tu sollozo.
Dispondré una barra libre de sueños para que elijas.
Te dejaré dormir.
Dilataré el tiempo.
Romperé todas tus excusas.

Si me dejas.

miércoles, 18 de marzo de 2015

"Quiero regresar"

Yo venía a Madrid a dejarle un libro y una sonrisa, pero la sonrisa la perdí antes de poder dársela. No sé ni dónde ni cuándo. No creo que la llevara en la cajita cuando me la quitaron el viernes. No suelo guardarlas ahí. Se me habrá caído en algún momento del fin de semana. Era una sonrisa azul. Ahora debe estar gris.

Yo venía a Madrid a llevarme fuerzas y abrazos y risas de todas esas personas bonitas que conozco en esta ciudad. También tenía la esperanza de llevarme algo de valentía si tenía la suerte de cruzarme a algún valiente por la calle. Ser valiente es muy difícil. Muy difícil. Valientes, os animo a que salgáis ahí fuera a contagiarnos un poco. Yo os estaría eternamente agradecida.

Ahora estoy en la comisaría de la T4. Me van a hacer un pasaporte de urgencia para poder volar a un sitio al que no quiero ir. No. quiero. ir.

Mi documentación sí estaba en la cajita que me quitaron el viernes.

También estaban las gafas de mi abuela. Unas gafas de sol que mi madre le compró en el 84, y que luego me dio a mí. Que se llevaran eso es lo que más me duele.


Ahora estoy en el avión y pienso en Sara y en su Berlín no se acaba en  un círculo. Ayer escuché cómo lo leía. De principio a fin. Yo estaba a menos de un metro de ella. Creo que incluso llegó a ver las dos lágrimas que no pude contener cuando llegó a la página 50. Ese “Quiero regresar” resuena en mi cabeza desde entonces. Sólo quiero regresar a casa.

El desnudo integral de su libro es algo que no entraba en mis planes del fin de semana. Es una perla que me llevo entre tanta piedra.


Gracias Sara. Estés donde estés. Sé que para ti no fue fácil. 

domingo, 15 de marzo de 2015

Clack.
Es mi clavícula izquierda.
Clack.
Desde que te fuiste, me cruje cada vez que te pienso. 
El vacío se convirtió en burbuja y se quedó ahí a vivir.
Clack.

Pero no te preocupes, es sólo ruido. No duele.

martes, 10 de marzo de 2015

El sofá del cuarto de estar de Florestán.

Creo que nunca aprendí a dormir. No sé dormir, así que no suelo hacerlo. Al menos no mucho.

Y cuando duermo me despierto muchas veces durante la noche, una vez por cada sueño. Ésto me ha permitido acordarme de decenas de miles de sueños.

De la pasada noche soy capaz de recordar hasta cinco.

Ha sido una noche plagada de sueños horrorosos, pero entre tanto fantasma he tenido un sueño precioso. Frágil. Algo como una flor.

He soñado con los abuelos. Tenían el aspecto de cuando yo era pequeña y estaban en el sofá del cuarto de estar de Florestán.

Se daban besos y abrazos y el abuelo le sacaba la lengua a la abuela. Le hacía rabiar de la manera más tierna que he soñado nunca. Y ella se reía. Se reía a carcajadas. Echando la cabeza hacia atrás. Una catarata de risa que inundaba todo el cuarto de estar. Toda la casa. Todo mi sueño.

Sólo quería compartirlo con vosotras. Yo lo tengo todo en imágenes. Ojalá no las pierda nunca.