sábado, 18 de abril de 2015

"Cómo te pareces a tu madre."

Tiene la mirada más dulce que jamás os hayáis cruzado y unas manos que curan con sólo posarse.

Lleva una vida canjeando sonrisas por preocupaciones y aún no se ha cansado.

Ella es la madrina de todas las naciones. Va por ahí restándole acidez al mundo, y acogiendo bajo su abrazo a todo el que se encuentra. Los que la descubren ya no quieren separarse de ella. Cómo iban a querer, si abriga con sólo mirarte.

Me ha enseñado a deshacer los nudos y a pulverizar las piedras cuando pesan demasiado. Me ha enseñado, pero sigue sentándose conmigo a hacerlo cuando yo no me atrevo. Me ha educado en el querer sin miedo, el dar sin medida y el mirar sin desconfianza, y así nos va.

“Cómo te pareces a tu madre” me dicen y yo sólo pienso que es el mejor piropo que haya podido nunca llegar a imaginar, pero que ojalá me pareciera más. Ella también me lo dice. Le cuento mis cosas y siente que le estoy leyendo su vida. “Hija, veo cómo sigues mis pasos y no sé si me gusta”. Me paro y pienso en las familias. Pienso que entiendo cómo se hereda una mirada, un hoyuelo, un gesto, pero que no entiendo cómo se pueden llegar a heredar las historias. Lo de la plaza Saint Pierre me parece insultantemente irónico, así que no hablamos de ello.

De ella he heredado los tropiezos y las heridas, pero la sal merece la pena sólo por haber heredado también el gesto que pone cuando sonríe.

miércoles, 8 de abril de 2015

Siempre quise ser el versonaje de uno de tus poemas.

En mi último viaje al frío resolví que tenía que cambiar el registro de esta historia y así voy a hacerlo. No es que haya nada en el presente de nuestras miradas que vaya mal, es que me da miedo lo que pueda soñar. Pero por encima de todo me da miedo faltar a la promesa que te hice esa noche de camino a tu nido. “Dos noches seguidas es terreno peligroso” me dijiste intentando frenar las ganas, pero ya íbamos embalados y no hubo rozamiento que pudiera disminuir la aceleración de nuestros cuerpos.

Fueron noches impensables en las que nos sorprendimos en más de un plano, pero me sé en un momento escaso de fuerzas, y las pocas que tengo las necesito para pelearme con esta ciudad que ha estado enfadada conmigo desde el principio. Cuando llegué aquí traje más frío del que ella tenía preparado para mí y la pillé por sorpresa. Se sintió destronada, como si fuera decisión mía cargar con este peso, y la muy puta me la tiene jurada. Desde entonces me la juega en cuanto me creo feliz.

Créeme cuando te digo que he intentado inventar nuevas dimensiones para escapar de mi Planilandia particular y estar a la altura de tu Anarquía, pero temo que no me salga bien la tentativa, así que permíteme este acopio.

Seguiré aquí para las palabras y los abrazos, pero me toca medirme las caricias, no vaya a ser que se conviertan en heridas injustificadas.

Ahora ya sabes que siempre quise ser el versonje de uno de tus poemas, así que supongo que sólo me queda agradecerte el vuelo.