Yo
venía a Madrid a dejarle un libro y una sonrisa, pero la sonrisa la perdí antes
de poder dársela. No sé ni dónde ni cuándo. No creo que la llevara en la cajita cuando me la quitaron el viernes. No
suelo guardarlas ahí. Se me habrá caído en algún momento del fin de semana. Era
una sonrisa azul. Ahora debe estar gris.
Yo
venía a Madrid a llevarme fuerzas y abrazos y risas de todas esas personas
bonitas que conozco en esta ciudad. También tenía la esperanza de llevarme algo
de valentía si tenía la suerte de cruzarme a algún valiente por la calle. Ser
valiente es muy difícil. Muy difícil. Valientes, os animo a que salgáis ahí
fuera a contagiarnos un poco. Yo os estaría eternamente agradecida.
Ahora
estoy en la comisaría de la T4. Me van a hacer un pasaporte de urgencia para
poder volar a un sitio al que no quiero ir. No. quiero. ir.
Mi
documentación sí estaba en la cajita que me quitaron
el viernes.
También
estaban las gafas de mi abuela. Unas gafas de sol que mi madre le compró en el
84, y que luego me dio a mí. Que se llevaran eso es lo que más me duele.
Ahora
estoy en el avión y pienso en Sara y en su Berlín
no se acaba en un círculo. Ayer
escuché cómo lo leía. De principio a fin. Yo estaba a menos de un metro de
ella. Creo que incluso llegó a ver las dos lágrimas que no pude contener cuando
llegó a la página 50. Ese “Quiero regresar” resuena en mi cabeza desde
entonces. Sólo quiero regresar a casa.
El
desnudo integral de su libro es algo que no entraba en mis planes del fin de
semana. Es una perla que me llevo entre tanta piedra.
Gracias
Sara. Estés donde estés. Sé que para ti no fue fácil.
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