Creo que nunca aprendí a dormir. No sé dormir, así que no suelo hacerlo. Al menos no mucho.
Y cuando duermo me despierto muchas veces durante la noche, una vez por cada sueño. Ésto me ha permitido acordarme de decenas de miles de sueños.
De la pasada noche soy capaz de recordar hasta cinco.
Ha sido una noche plagada de sueños horrorosos, pero entre tanto fantasma he tenido un sueño precioso. Frágil. Algo como una flor.
He soñado con los abuelos. Tenían el aspecto de cuando yo era pequeña y estaban en el sofá del cuarto de estar de Florestán.
Se daban besos y abrazos y el abuelo le sacaba la lengua a la abuela. Le hacía rabiar de la manera más tierna que he soñado nunca. Y ella se reía. Se reía a carcajadas. Echando la cabeza hacia atrás. Una catarata de risa que inundaba todo el cuarto de estar. Toda la casa. Todo mi sueño.
Sólo quería compartirlo con vosotras. Yo lo tengo todo en imágenes. Ojalá no las pierda nunca.
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